Esta mañana, luego de haber compartido un tiempo de adoración y enseñanza, un pequeño grupo de creyentes permanecimos juntos, en el lugar de reunión, extendiéndonos en una conversación que surgió espontánea al momento de la despedida.
Sin saber como se ató al tema que habíamos tratado, que era en pocas palabras vivir como lo hizo el apóstol Pablo, tan apasionado, tan valientemente, tan resueltamente, que a las puertas, a centímetros de la decapitación , se mostraba tranquilo pues sabia que su recompensa eterna le aguardaba pronto.
Empezamos a testimoniar cada uno, de las cosas hermosas que Dios ha hecho en nuestras vidas, como nuestra confianza ha aumentado a medida que las adversidades han venido y a través de la fe en Jesús, han cedido. Testimonios de como habíamos pasado por situaciones terribles, en diferentes frentes, y como Dios nos había sacado ilesos, y fortalecidos, para ayudar a otros, que estén pasando lo que ya nosotros vivimos.
Nuestro grupo es abierto, y al rato de haber empezado la reunión se nos unió una mujer que nos visitaba por primera vez. Antes de concluir nuestra celebración, oramos por nuestra visitante, reconociendo que no la conociamos, pero seguros que Dios, el Creador, si sabe perfectamente cuales son sus necesidades y anhelos.
Pues, para evidencia de su soberanía, de su control absoluto de todas las cosas que nos rodean, Nury, la muchacha que llegó, tenia mas de 1 hora de estar perdida, había pasado por nuestra puerta 7 veces en ese tiempo, y había alcanzado a escucharnos cantando las alabanzas. Se atrevió, entró, y escucho el mensaje, y luego la charla a que aludimos antes.
Había subido desde una zona distante, y un poco peligrosa de nuestra ciudad, a buscar un empleo como domestica, siguiendo las indicaciones de una amiga, que la recomendaba. Pero, el papel donde llevaba la dirección y el nombre de la familia se perdió.
Muy angustiada, por el desempleo de ella y su esposo, por su difícil situación actual, pensaba en su regreso a casa, a sus hijos, que sin alimentos para el día, con las esperanzas perdidas, junto con aquel papelito.
Pero ahora su rostro mostraba un brillo diferente, había comido el Pan de Vida, había escuchado la palabra de Dios, y por parte del Espíritu Santo, nuestros testimonios que habíamos compartido "coincidencialmente". Todos vimos la mano del Señor en esta circunstancia.
Finalmente, nos comunicamos, con la persona que hizo la recomendación, y la enviamos a esa entrevista, con la certeza que Dios abrirá fuente de empleo para ella y su esposo.
¡Dios es bueno!